Cosas que corretean por mi cabeza y quiero compartir

15 de febrero de 2007

Las madres...esas entrañables mentirosas.

Hola hoy me gustaría hablar de las madres, esas personas que nos miman, nos cuidan, nos dan la vida…nos engañan y nos acojonan con sus mentiras para hacernos chantaje.

Si, porque las madres usan todas una estrategia que consiste en mentirte para lograra lo que ellas quieren. Me explico, una madre te miente, te acojona y luego te dice:

- No, si es por tu bien.

Vamos a ver, una de las primeras mentiras y mas acojonantes que usan es la nana.
Y digo la nana porque habrá muchas nanas quizás, pero hay una que es el top ventas.

Nos ponemos en situación. Tú eres pequeñito, un bebé. Tu máxima defensa es llorar, así que eres lo más vulnerable que hay y eso lo saben las madres. Y lo usan.
Como saben que eres vulnerable, ¿Qué te hacen para que te duermas?... Acojonarte con la nana.
Atentos que la letra no tiene desperdicio.

Duérmete niño, duérmete ya. O viene el Coco y te comerá.

Vamos a ver, soy un bebé, estoy encerrado en una cuna llena de barrotes que evitan que pueda fugarme de allí y tú, mi madre, me dices que va a venir un tal Coco y se me va a comer.
¿Y pretenden que nos durmamos así?
Vamos no me jodas, a mi me la cantó mi madre una vez y pase 3 noches con los ojos como platos.
Luego claro a media noche me ponía a llorar como un loco y todavía mi madre decía:

- No se que le pasa a Robertito, si hace un ratito que tomo el pecho y estaba tan a gusto dormido.

¿Qué que le pasa a Robertito, quieres que te diga que me pasa?
Pues que al mínimo ruido pensaba:

- Mierda ya está aquí el tal Coco ese, llorare a ver si se despiertan mis padres y me defienden.

Porque yo era bebé, pero no gilipollas y pensaba.

Pero bueno el tiempo pasa, tú vas creciendo, el Coco no aparece y un día, esto lo recordaremos todos los que nacimos antes del 80. Un día pones la tele y descubres la mentira que te cantaba tu madre.
Ahí está…Barrio Sésamo y Coco.

Y descubres que el tal Coco no se come a ningún niño, que va, al contrario. Coco era un muñeco azul súper enrollado que nos enseñaba la diferencia entre cerca y lejos, moviéndose como si se fuera a desmontar en cualquier momento.
En todo caso si alguien podía comernos era Triky, el monstruo de las galletas, pero bueno tampoco, porque las galletas se las metía en la boca si, pero no se las comía las chafaba y se le caían por los lados, tragar, mas bien tragaba poco.
Así que le pillas una gran mentira a tu madre, entonces esto ya te mosquea y te pone atento a ver si le pillas otras. Y algunas se las vas pillando.

Bueno, yo la verdad que algunas me las creí hasta ser ya bastante mayorcito. Vale que yo soy un poco…digamos, especial. Bueno especial me lo llama mi madre, mi psicólogo dice que tengo un trastorno del cagarse y mi padre que nací tarado.
Pero claro, a mi era mi madre la que me contaba las cosas y yo me la creía, así que la culpa es suya.
Os cuento que mentira me creí yo.
¿Quién no recuerda el cuento de los tres cerditos?

Cerdo uno casa de paja, lobo sopla, a la mierda casa. Cerdo uno va a casa de cerdo dos, casa de madera, lobo sopla a la mierda casa. Cerdos uno y dos van a casa de cerdo tres, casa de ladrillos, lobo sopla, lobo sopla la casa no se cae y el lobo se jode. Fin.

Este es el resumen del cuento, para el que no lo recuerde bien. Pues bueno yo realmente me creí aquel puto cuento. Claro me lo contaba tanto que yo di por hecho que era un rumor más del barrio y no un cuento. Vale yo no había visto a ningún cerdito por el barrio caminando, pero bueno tampoco había visto a ninguna zorra y según las vecinas vivía justo en la puerta de en frente.
Así que yo creí que los cerditos pues andaban por el barrio también.
Pero que me lo creí hasta el punto de que un día mi tío Valentín, que es un hombre digamos rudo, o sea, un tío con cara de neandertal, el cuerpo cubierto de pelo, y pinta de lavarse estilo gato, o sea en seco.

Pues un día mi tío Valentín nos invitó a su casita en el campo, bueno casita en el campo es como llamar a los dos geranios que tenemos en el balcón de casa, zona ajardinada. En realidad era un pedazo de tierra entre dos autopistas con una caseta echa de maderas y plásticos, pero tenía barbacoa y eso nos bastaba.
Pues nos invitó a hacer una parrillada y claro, estábamos allí con el buen rollito que da el vino y la cervecita y mi tío que estaba cocinando se quitó la camiseta. Bueno la visión no la voy a explicar mucho porque puede haber lectores sensibles, solo diré una cosa, ¿sabéis la sensación que da cuando quitas el papel a la magdalena? Pues suponed que la magdalena tiene pelos y suda. Y suda mucho, digamos en exceso.
Pues mi tío Valentín se quitó la camiseta y de repente por lo visto le dio por estornudar, así que se giró hacia la casa y claro tomó aire.
Pues claro yo en ese momento reviví el cuentito de los cojones y el pánico se apoderó de mí. Pero hasta el punto que empecé a gritar:

- No somos cerditos, no somos cerditos, no soples a esta casa puto lobo, no soples a esta casa.

Y ese fue un momento de los muchos en los que los cuentos me han hecho sufrir. No por la cara que se le quedó a mi tío no, si no por la colleja instantánea que me soltó mi padre.
Porque esa era otra, mi madre me mentía yo me lo creía y mi padre me devolvía a la realidad con una colleja y las palabras claras.
Por ejemplo todos conocemos también el cuento de…. Bueno si ese de…
Bueno el de un niño que se adentra en el bosque y para recordar el camino a casa va tirando miguitas de pan. Lo conocemos todos ¿no?
Pues claro yo escuchaba ese cuento y me dije a mi mismo:

- Oye Robertito, pues esa idea para recordar el camino no es mala, y como Mollet (mi ciudad) no es un bosque no vendrán a comerse las migas los pajaritos.

Y me propuse hacer realidad el cuento. Así que espere a salir del cole y allí estaba mi padre con mi bocadillo de salchichón con tulipán, todo un clásico.
Pero vi que por encima de las casas pajaritos no, pero palomas del tamaño de buitres a cientos. Así que pensé, y como tonto del todo no soy dije:

- Pues para que no se me coman las migas de pan tirare el embutido.

Vamos a ver a mi en aquel momento la idea me pareció cojonuda. Pero por lo visto a mi padre no tanto, así que a la tercera rodaja que deje caer me soltó una colleja… de las del orgullo que digo yo, que eran aquellas que te daban desde abajo hacia arriba y te inclinaban la cabeza hacia delante y la nuca te escocia durante tres cuarto de hora.
Pero eso no fue lo que e hizo ver que los cuentos son eso, cuentos. Lo que me hizo ver la realidad fueron las sabias palabras de mi padre:

- Tas tonto coño con los putos cuentos.

Ojo que mi padre es todo un filósofo, no se pueden decir las cosas mas claras.
Y claro cuando habla un filósofo pues te hace pensar. Primero en que cuando creciera le iba a devolver unas cuantas collejitas del orgullo, y luego que quizás tenía razón.
Quizás los cuentos no fueran tan reales como yo creía, porque analicemos un poquito el más famoso, la caperucita roja.

Una niña llega a casa y su madre le dice que coja una cesta, cruce el bosque y le de una cesta a su abuelita.
Vamos a ver, recordemos cuando éramos más jóvenes y volvíamos del cole y tu madre te decía que fueras a por un poco de pan rallado o a por una barra de pan. ¿Cuál era nuestra respuesta? Vale mamá voy encantado, no.
La respuesta era del estilo: Jooooo, no quiero.
O mi favorita: Una mierda.
Pues bueno la niña no solo acepta encantada si no que encima se pone un poncho rojo en un día de sol. ¿Que coño había tomado esta niña para tener frío un día de agosto?
Pero bueno, vamos a lo raro. Va pro el bosque se le aparece un lobo y le pregunta que donde va. A ver, a mi se me aparece en medio de un bosque un lobo, y me cago como una paloma en un cable de la luz, vamos dejo caer hasta la flora intestinal. Pero si además el lobo se levanta, se me pone en dos patas y me habla, creo que ya o muero de un infarto o cazo el lobo a puñetazos y me hago rico llevándolo a la tele.
Pero Caperucita no, ella que era muy ingenua, o sea tonta del culo, le dice que va a casa de su abuela. Pero eso no es todo, si no que además el lobo le dice que vaya por un camino que da un rodeo que te cagas.
A ver, si la madre la manda a casa de la abuela, se supone que la niña sabe el camino, ¿no? Pues la muy tonta del culo de la niña le hace caso y llega tarde a casa de su abuela.
Y aquí viene ya lo más grande del cuento, el lobo se zampa a la abuela y se mete en la cama y se pone el camisón de la vieja. Y atención, la niña entra y no diferencia entre su abuela y el puto lobo.
¿Cuánto tiempo llevaba la vieja sin depilarse?
¿Pero como es posible que no diferencie una nieta a su abuela de un lobo? Que no diferenciamos nosotros entre Marujita Díaz y Shrek vale, pero una nieta a su propia abuela de un lobo, no me jodas, eso fue lo que me hizo darme cuenta de que los cuentos son solo eso, cuentos.
Así que por hoy… Colorín colorado, este monologo ha terminado.

Gracias y hasta pronto.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Hola bombom:
Me ha gustado mucho de veras jajajajaja.
Te falta contar cuando aprendes a montar en bici, q te dicen q van detras y cuando te quieres dar cuenta estas bajando a toda leche tu sola y sin frenos.
Venga un besito y espero otro muy pronto

3:47 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Muy bueno,aunque podrías haberle sacado mucho más partido al tema,o hay un"Las madres...esas entrañables mentirosas 2"?Gracias y a ver cuándo un nuevo...

12:14 a. m.

 

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